Madrerit
Sara Rada- Deisy Reyes- Emily Quiñones- Isabela Waitoto- Gabriela Soto- Maria Jose
Cuando somos pequeños pensamos que en nuestros hogares todo es normal y divertido, pero al crecer te das cuenta de que eso que se considera normal puede cambiar el curso de vida y tornarse en una pesadilla. Puede que esto te deje confundido, pero déjame contarte unas cosas de mi pasado. Mi nombre es Mónica Zarbeti, soy hija de Vincent y Adamaris Zarbet, líderes actuales de la secta Madrerit, muchos creen que somos un grupo religioso como cualquier otro, pero déjame decirte que eso no es así.
*-15 de agosto de 1975.-**--*
Las campanas del templo se escuchan a lo lejos, las voces de todos comienzan hacerse más fuertes y el sonido de sus pasos comienza a irritarme. Los rayos del sol entran por mi ventana y su cálida luz calienta mi rostro, cierro mis ojos y mi mente comienza a volar. Me encuentro en un inmenso jardín acostado debajo de un árbol cuyas flores caen lentamente sobre mi cuerpo, no hay ruido, todo es paz en ese lugar, pero mi paz no durará por mucho tiempo. Escucho que las puertas se abren de golpe.
―Las personas normales llamarían a la puerta antes de entrar ―respondo sin darme la vuelta― ¿Quién se atreve a entrar así?
―Deberías hablarme con más respeto mocosa― me responde Kayden, la mano derecha de mi padre― Tus padres te esperan en la entrada del templo y los nuevos visitantes están llegando.
Lo había olvidado, hoy es la ceremonia de bienvenida de Monrit, dios de la juventud y sabiduría, todos estos idiotas están obsesionados con un dios falso inventado por mis padres. La leyenda dice que este dios les otorgará sabiduría y juventud a sus fieles seguidores a cambio de su lealtad.
―¡MONICAA!― Kayden me grita al ver que no me apuro― Mueve tu trasero de una vez por todas, tus padres y los invitados esperan.
―Necesito encontrar mi collar primero, no puedo presentarme sin él― le gritó de vuelta
*--EN EL TEMPLO--*
Las multitudes invaden el lugar, es la primera vez que mis padres abren las puertas al público. Nuestra secta está cerrada y son pocos los que entran aquí, pero hace días mis padres junto a otros miembros comenzaron a actuar raro y desde entonces tengo un mal presentimiento sobre esta ceremonia. Una voz me hace salir de mis pensamientos.
―Hoy es un día de celebración, Monrit les da la bienvenida a sus nuevos hijos ―mi padre da inicio a la ceremonia con su famoso discurso de bienvenida― repartida será su sabiduría y juventud entre sus más fieles seguidores, hermanos y hermanas es hora de que todos se unan oficialmente a Madrerit, tomad los collares cubiertos de la sangre de nuestro dios y sean uno con él.
Los famosos collares de sangre, creados por mis ancestros como símbolo de unión con su falso dios, tienen una parte tallada en madera y otra es un cristal del mismo color de la sangre.
―Mi hija aquí presente será la encargada de entregarle los collares a cada uno, hagan una fila y reciban a Monrit en sus vidas―
De todos los presentes tengo que ser yo, con la sonrisa más hipócrita posible los entregó uno por uno. Después de la ceremonia de bienvenida llega la noche y decido hacer un paseo por el bosque, donde todo es paz. Me siento en la cima de una colina que queda alrededor del bosque que está en la parte trasera del templo y mientras veo la luz de algunos carros en la autopista, pienso en que se sentirá vivir fuera de este lugar, conocer otras personas y comer todo tipo de cosas.
Los días pasan y mis padres actúan cada vez más extraños, iniciaron un ayuno de purificación el cual nunca antes habíamos hecho, su excusa es que nuestros cuerpos deben estar limpios para la llegada de Monrit, que será dentro de tres días. Los preparativos para la bienvenida comienzan y las expectativas de mis padres hacia mí empiezan a subir, pues, además de la llegada de Monrit, estamos en la temporada de bodas, es tradición que cada año los líderes presenten múltiples pretendientes a las mujeres más jóvenes de la secta, y este año me toca a mí.
El tiempo pasa y el día de bienvenida ha llegado, todos corren de un lado para el otro y mis padres tienen una sorpresa para mí, algo que según ellos mejorará mi vida. Paseando por el jardín del templo escuchó la voz de mi padre gritando mi nombre, al voltear lo veo a lo lejos junto a un hombre que por su apariencia aparenta tener unos 26 años. Me acerco a ellos y los saludo.
―Mi pequeña, déjame presentarte a Trevor Amneris, es uno de los sub líderes encargados de impartir nuestra religión en el exterior.
Trevor me extiende su mano con una sonrisa maliciosa, aparentemente es muy atractivo pero algo dentro de mí me dice que no puedo confiar en él.
―Es un placer conocerte Mónica, he escuchado muchas cosas sobre ti.
―El placer es mío ―le respondo― normalmente los sub líderes no están presentes en los templos ¿que lo trae por aquí?
La sonrisa de la cara de mi padre desaparece, toma un semblante serio y autoritario.
―He estado pensando que es momento de que te cases ―dice mi padre― y Trevor fue el mejor candidato para ser tu esposo tal y como lo ordena Monrit. Se casarán esta noche, los preparativos ya están listos así que será mejor que vayas con tu madre para terminar tu atuendo Monica.
Después de esa impactante noticia lo único que quería hacer era correr, casarme implicaría que lo poco que tenía de libertad desapareciera por completo y mis sueños quedarán en el olvido. Durante años he planeado mi escape y creo que el momento de dejar todo mi pasado atrás ha llegado, pero mi plan tiene un problema y es Petrix que junto a los guardias siempre han sospechan de una posible huida de mi parte, ellos vigilan cada salida bajo órdenes de esa bruja y no dudarán en disparar a cualquiera que desee escapar. Solo tengo una opción, la colina del bosque, no es muy alta y podría fácilmente bajar por ella y evitar a los guardias, tan solo tengo que esperar el momento perfecto.
La fiesta ya ha iniciado y mis planes siguen en pie, en mi cuarto las damas me ayudan a arreglarme para la boda.
―Te ves hermosa ―comenta Margaret, una de mis damas más antiguas― qué envidia desearía ser yo quien se casará con Trevor.
―No deberías andar diciendo esas cosas ―le responde Eloise, una de mi damas más jóvenes― si su prometido te escuchara estarías en graves problemas.
Estoy sentada frente al espejo de mi tocador y mientras me arreglan el cabello pienso que tal vez alguna de ellas me puede ayudar en mi escape, pues el plan es bastante arriesgado y voy a necesitar ayuda.
